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jueves, 16 de marzo de 2017

Las grandes naves egipcias construidas por Ptolomeo IV



Hacia el año 210 a. de C. el cruel, despótico y hedonista faraón Tolomeo IV Filopáter mandó construir la nave Tessarakonteres, un formidable barco sustentado por tres enormes flotadores que medía 128 metros de eslora, 17 de manga y 28 de altura, llevaba cuatro grandes remos timoneros de 18 metros de longitud cada uno y 200 remos de gran tamaño a cada lado del barco, dispuestos en 4 hileras superpuestas, y contaba con una tripulación formada por unos 6.700 hombres, entre remeros (forzados), marineros y sirvientes. La nave estaba acondicionada
como un palacio flotante, pues contaba con amplios salones, piscinas, una gran biblioteca y jardines, además de un gran salón para recepciones y fiestas.


Busto de Ptolomeo IV. Fuente: Wikipedia. Ptolomeo IV, como buen monarca egipcio, es amante de las construcciones faraónicas: tras la gigantesca e inútil Tessarakonteres, toma la decisión de construir ni más ni menos que un palacio flotante, la Thalamegos.


La nave se inserta en el contexto referido en el post anterior: un mundo helenístico en descomposición, caracterizado por el estancamiento y la creciente parálisis a todos los niveles y en el que sus opulentos y vanidosos monarcas malgastan sus recursos en la erección de colosales palacios, obras públicas, bibliotecas o máquinas de guerra que reflejen su pretendida grandeza.

Características
La Thalamegos (θαλαμηγός, “portacámaras”) no está demasiado documentada, pero la información que hay es muy detallada. Es la que da Ateneo de Náucratis en El banquete de los eruditos, en el que recoge el testimonio de Calíxeno de Rodas.
Tamaño: se nos dice que el palacio flotante tenía “una longitud de medio estadio, y una anchura por la parte más amplia de treinta codos. Su altura, incluyendo la estructura del pabellón, alcanzaba los casi cuarenta codos”. Es decir, casi 90 metros de eslora, con unos 13 metros de manga y una altura de 17.


Interpretación de la Thalamegos de Nicolaes Witsen (1671). Fuente: Wikipedia.

Forma: “Su forma no se parecía ni a los barcos de guerra ni a los buques mercantes, sino que había sido alterada para que se adaptase a la profundidad del rio. Así pues, por la parte inferior era poco profundo y ancho, y en cambio era elevado de altura. Las partes superiores, y sobre todo la de la proa, se extendían considerablemente, y su curvatura se mostraba bien trazada. Tenía doble proa y doble popa, y se alzaba hacia lo alto, debido a que en el rio las olas se elevan a menudo muy arriba”. De aquí se infiere que se trata, como la Tessarakonteres, de un gigantesco catamarán, formado por dos galeras unidas; y que es un barco fluvial, pensado exclusivamente para navegar por el Nilo.

Comodidades y lujos: “En su cavidad intermedia se habían construido los salones de banquetes, las alcobas y todo lo demás que se necesita para la vida cotidiana”. Esto no es más que la introducción a la suntuosidad de la nave; de hecho, si detallásemos esta información tendríamos para varias entradas. Nos centraremos en las actividades más destacadas que se podrían llevar a bordo:
Paseos: “Alrededor de la nave, por tres de sus lados, había unas cubiertas dobles de paseo. Su perímetro no era inferior a cinco pletros”. Es decir, la nave tiene habilitadas unas cubiertas dobles de cerca de 160 metros para pasear.
Banquetes: la nave contiene varias salas de banquetes y fiestas. Escuchemos la descripción de la mayor: “Al principio según se entraba, del lado de la popa, estaba situado un pórtico abierto por el frente, rodeado de columnas. En la parte enfrentada a la proa había un vestíbulo construido de marfil y las maderas más preciosas. Atravesando este había una especie de proscenio que iba techado. En una disposición semejante había por detrás un segundo vestíbulo, enfrentado al otro, a su vez, por la parte central, y conducía a él una puerta de cuatro hojas. A izquierda y derecha se situaban unas puertecillas que proporcionaban ventilación. Aneja a ellos se hallaba la más grande de las salas. Estaba rodeada de columnas, y tenía capacidad para veinte lechos. En su mayor parte había sido construida de cedro escita y ciprés milesio. Las puertas del recinto, en número de veinte, estaban hechas de planchas soldadas de tuya, adornadas con marfil y oro. La guarnición de clavos de su parte frontal, así como las aldabas, que eran de bronce rojo, habían sido dorados al fuego. El cuerpo de las columnas era de madera de ciprés y los capiteles, de orden corintio, estaban adornados con marfil y oro. El entablamento era de oro macizo. Encima de él iba adaptado un friso con notables figuras de marfil de más de un codo de alto, mediocres artísticamente, pero dignas de admiración por el dispendio que suponían. Sobre el salón de banquetes había un hermoso techo tallado de madera de ciprés. Sus adornos iban esculpidos, con la superficie chapada en oro”.


Otro posible aspecto de la Thalamegos. Fuente: Foro Militar General.

Descanso: “Junto a este salón había también una alcoba con siete camas. Unido a el había un corredor estrecho, que separaba el gineceo a todo lo ancho del sollado. En el gineceo había un salón con capacidad para nueve lechos, semejante en magnificencia al principal, y un dormitorio con cinco camas”. De nuevo, hay que reseñar que sólo se refiere a las habitaciones principales, pues hay muchas más, ya sean o no de lujo. El gineceo, estancias exclusivamente para mujeres, es algo típico de la arquitectura griega.

Religiosidad y celebraciones religiosas: la Thalamegos cuenta con salas para banquetes con templos de divinidades o que están consagradas a algún dios. “Subiendo las escaleras que había junto al citado dormitorio se encontraba otra sala de cinco lechos, con una techumbre en forma romboidal. A su lado se hallaba un templete circular dedicado a Afrodita, y en su interior una estatua de mármol de la diosa. Frente a él, otro lujoso salón rodeado de columnas. Estas estaban talladas en mármol índico. Junto a este salón había unas alcobas que se correspondían en equipamiento a las ya descritas. Avanzando hacia la proa había otra estancia dedicada a Dioniso, con capacidad para trece lechos y rodeada de columnas, con una comisa chapada en oro hasta el arquitrabe que recorría el cuarto. El techo se adecuaba a la índole del dios”.
Veneración a la dinastía: por supuesto, no se iba a dejar pasar la oportunidad de recordar la antigüedad y logros de la estirpe del rey, que así trata de reforzar su legitimidad e importancia. “En el flanco derecho de la habitación se había construido una caverna, cuyo aspecto era el de una edificación de piedra hecha de auténticas piedras preciosas y oro. En ella estaban instaladas unas estatuas de la familia real en mármol de Paros”.
Materiales: como hemos podido ver, los interiores de la Thalamegos están hechos de materiales lujosísimos, los mejores y más caros de su clase de la época: marfil, oro, cedro escita, ciprés milesio, mármol índico, mármol de Paros, etc.
Destino
La Thalamegos tendrá mucho más éxito que la Tessarakonteres, siendo usada durante dos siglos por los señores del Nilo. La última soberana helenística de Egipto, la famosa Cleopatra VII (51-30 a.C.), aún la mantiene. Schuller cuenta en Cleopatra: una reina en tres culturas que la reina y César recorren el Nilo en la Thalamegos, en compañía de un impresionante cortejo militar y civil, como una forma de afirmar la autoridad de Cleopatra sobre el país, así como su dependencia respecto a Roma. Es la última noticia que se tiene del palacio flotante.

Marco Antonio y Cleopatra, de Laurence Alma-Tadema. Fuente: Wikipedia.


Cabe señalar que al final, el propósito de la Thalamegos se cumplió, pero no como su creador había pensado: Ptolomeo IV quería un barco que mostrase la solidez y el poder de su dinastía, pero lo que creó fue una alegoría de la incompetencia y autocomplacencia de los reyes helenísticos, más preocupados por realizar construcciones faraónicas para promocionarse que por cambiar la cada vez peor situación de sus reinos. Prácticamente desde la muerte de Ptolomeo IV su país pasa a vivir bajo la sombra de Roma, convirtiéndose en un simple protectorado cuya independencia termina cuando los romanos así lo desean.


Bibliografía
De Náucratis, Ateneo; Rodríguez-Noriega Guillén, Lucía (trad.), Banquete de los eruditos, 1998, Gredos, Madrid.
García Fleitas, Luz María; Santana Henríquez, German, De la guerra marítima a la suntuosidad de Ptolomeo Filopátor. Cuadernos de filología clásica. Estudios griegos y europeos, 2001, volumen 11, Universidad Complutense de Madrid. Hemeroteca digital.
Schuller, Wolfgang, Cleopatra: una reina en tres culturas, 2008, Siruela, Madrid.


Los monstruos de Ptolomeo IV (1): la Tessarakonteres



El barco que siempre se asocia a la antigua Grecia es el trirreme, rápido, ligero y eficaz. Pero los griegos no siempre fueron tan mesurados ni prácticos. Durante el período helenístico tendieron a construir embarcaciones cada vez más grandes y más pesadas, alcanzándose proporciones que sólo pueden ser calificadas de monstruosas. Ptolomeo IV, uno de los soberanos del Egipto helenístico, fue quien llevó esta locura a su cénit.

Octodracma de Ptolomeo IV, uno de los constructores navales más excéntricos de la historia. Fuente: Wikipedia.


La aparición de los polirremes.


La guerra naval griega va a sufrir muchos cambios tras las conquistas de Alejandro Magno; a su muerte, su colosal imperio es dividido entre sus antiguos generales, que se proclaman reyes y empiezan a luchar entre sí por ampliar sus territorios: durante los siguientes siglos, el Mediterráneo Oriental se convierte en una zona de guerra, en la que ninguno de los contendientes es lo bastante fuerte para imponerse definitivamente a los demás. Este es el contexto en el que surgen los polirremes, que van sustituyendo a las modestas galeras clásicas.

Como explica David Potter en La guerra en el mundo antiguo, las galeras de la época son clasificadas en función de los remos que llevan en cada banda o por el número de remeros que bogan cada remo. Los polirremes se llaman así porque, aunque suelen tener tres remos, son tan colosales que requieren un número muy elevado de remeros para manejar cada uno de ellos.

Todavía hoy no está claro por qué se construyeron estas naves, aunque no faltan teorías:
En Técnicas bélicas del mundo antiguo se afirma que, por un lado, la aparición de la artillería naval obliga a hacer embarcaciones mayores para poder cargar las catapultas. También influye que los reinos helenísticos tienen muchos más recursos que las antiguas ciudades-Estado y se pueden permitir naves mayores.
Plutarco, en una de sus Vidas paralelas dedicada a Demetrio, defiende estos barcos, al contar que los de Demetrio (con 15 o 16 remeros por banda) no sólo eran impresionantes, sino también prácticos, y que fue el ansia por imitarlos lo que llevó a la construcción de colosos inútiles.
Potter está de acuerdo con Plutarco: afirma que al principio la construcción de naves mayores fue efectiva y supuso un éxito tecnológico, pero que desde el reinado de Demetrio se inicia una absurda carrera por ver quién construye la nave mayor, sin tener en cuenta su aplicación práctica. Además, Potter adscribe esta tendencia a una época de decadencia política y estancamiento militar de los reinos helenísticos; explica que, para sus monarcas, el ejército y las tácticas de Alejandro son el único modelo válido, lo que hace sus tácticas tan rígidas que, para romper el impasse, recurren a armas cada vez más grandes. Ello explicaría que los griegos renuncien al uso del espolón y a la movilidad para convertir sus barcos en plataformas de infantería y artillería cada vez más similares a fortalezas flotantes.
Fleitas y Henríquez, en De la guerra marítima a la suntuosidad de Ptolomeo Filopátor, también hablan de una verdadera “carrera naval” iniciada por Ptolomeo II de Egipto a raíz del éxito de Demetrio y que alcanza su paroxismo con Ptolomeo IV. Pero no desdeñan la importancia de la artillería naval como motivo, recordando que sólo una quinquerreme de una cubierta es capaz de albergar diez catapultas de flechas y dos de piedras.
Pero si hay un factor admitido por todos a la hora de explicar los polirremes es la megalomanía de los reyes helenísticos. Éstos viven en un mundo de lujo, extravagancia y despilfarro en sus cortes, a la vez que son amenazados por sus vecinos fuera de ellas, por lo que construyen inmensas estructuras que a la vez reflejen su poder y grandeza y sirvan para combatir y / o intimidar al enemigo. Los polirremes no son un caso aislado, pues son contemporáneos al gigantismo de las máquinas de asedio (recuérdese la Helépolis, una torre de asedio de 42 metros de alto) y, en lo civil, a faraónicas construcciones y proyectos a mayor gloria del soberano de turno (el Faro, la Biblioteca y el Palacio Real de Alejandría son ejemplos harto conocidos).
La consigna, tan típica de las sociedades en decadencia, parece ser “cuanto más grande, mejor”. A nadie parece importarle que, pasado cierto tamaño, los barcos se vuelvan casi inmanejables; en la carrera naval lo importante es ver quién construye la nave mayor, como en otras lo es tener el palacio más lujoso o la biblioteca mejor surtida. Y esa carrera naval la gana sobradamente Ptolomeo IV.

La Tessarakonteres

Ptolomeo IV Filopátor, faraón helenístico de Egipto y gran amante del lujo y la extravagancia, decide ir más lejos que nadie y ordena construir el que será el mayor barco de guerra de la Antigüedad, la Tessarakonteres (τεσσαρακοντήρης, “nave de cuarenta remeros”).

Algunos autores antiguos dejan constancia de ella. Plutarco, en la dedicada a Demetrio de sus Vidas paralelas, dice “Tolomeo Filopátor construyó una (galera) de cuarenta órdenes, que tenía de largo doscientos ochenta codos y de alto, hasta el remate de la popa, cuarenta y ocho. Acomodábanse en ella, fuera de los remeros, cuatrocientos hombres de tripulación, remeros cuatro mil, y cabían además de éstos, en los entrepuentes y sobre cubierta, poco menos de otros tres mil”.

También se conoce el testimonio de Calíxeno de Rodas, recogido por Ateneo de Náucratis en El banquete de los sabios: “la nave de cuarenta remeros la construyó Filopátor con una longitud de doscientos ochenta codos, treinta y ocho de pasarela a pasarela, una altura hasta el mascarón de la proa de cuarenta y ocho codos, y del mascarón de la popa hasta la línea de flotación cincuenta y tres codos. Poseía cuatro timones de treinta codos de largo, y remos del banco superior, que son los más grandes, de treinta y ocho codos; éstos, por tener plomo en las empuñaduras y ser muy pesados dentro de la nave, resultaban fáciles de manejar debido a su balanceo. Tenía dos proas y dos popas, y siete espolones. De éstos, uno era el principal, los demás secundarios, algunos en las orejeras de proa”.


La Tessarakonteres, junto a un soldado para comparar la escala. Fuente: Tessarakonteres, el supercatamarán de la Antigüedad.


Lo que estos autores describen es un coloso de más de 120 metros de eslora, cerca de 17 de manga y con 20 metros de altura sobre el agua (es decir, sin contar la parte sumergida). Los remos del banco superior (los más largos) miden más de 17 metros. Necesita 4.000 remeros para ser impulsado, 400 hombres de tripulación y es capaz de transportar a casi 3.000 soldados. Como otras polirremes tiene poco calado y lleva a bordo catapultas. Pero otros aspectos no están tan claros.
Uno de los inconvenientes de las naves de Ptolomeo IV es que no tenemos imágenes contemporáneas suyas, por lo que algunas de sus características son bastante oscuras. Así, la afirmación de Calíxeno de que la nave tiene dos proas y dos popas ha llevado a la interpretación de que la Tessarakonteres es un catamarán, con dos galeras unidas por un puente central, pero es algo difícil de verificar y, aunque se admita, también se desconoce si sus dos cascos estarían pegados o separados entre sí.

Posible disposición de los cascos y remos de la Tessarakonteres. Fuente: Tessarakonteres, el supercatamarán de la Antigüedad.


Otra duda viene de sus “cuarenta remeros”. Eso sólo nos dice que llevaba 40 remeros por banda, pero no hay más que indicios sobre cuántos remos manejarían o de su disposición. Generalmente se acepta que habría tres inmensos remos por banda, con tres modelos posibles:
Los cascos separados, con lo que también habría bandas de remos bajo el puente. En este caso, cada una de las cuatro bandas de la nave tendría 20 remeros, 40 por cada galera.
Los cascos unidos, sin espacio entre ellas para remos. En este caso, habría sólo dos bandas, cada una con 40 remeros.
Los cascos unidos, con dos bandas con 20 remeros y otros 20 de reserva por si fueran necesarios.

Disposición de los remos según el modelo 1. Los números indican los remeros necesarios para bogar cada uno. Fuente: El Tessarakonteres, el barco a remos más grande de la historia.


Hay un aspecto que los escritores de la Antigüedad sí que dejan muy claro: la inutilidad de la Tessarakonteres. Plutarco afirma que “no sirvió mas que de espectáculo, pudiendo ser mirada como un edificio fijo destinado a la vista y no al uso, por ser muy difícil de mover, y aun no sin peligro”. Calíxeno, a través de Ateneo, nos cuenta su viaje inaugural, en el que queda en evidencia lo engorroso e inmanejable que resulta: se tiene que mover mediante un andamiaje empujado por una multitud, y después tirado por un remolcador, siendo necesario incluso excavar un canal para que pueda llegar al mar. En este texto, tan detallista, no se menciona jamás su uso en batalla.
En definitiva, la Tessarakonteres, tal vez la mayor embarcación de la Antigüedad, es hija de su tiempo: un navío gigantesco, inmanejable, carísimo y pomposo. En teoría es militar, pero no se ha hecho para participar en la guerra: su única utilidad en tal caso sería la de una fortaleza flotante demasiado lenta y frágil para poder funcionar adecuadamente; la Tessarakonteres existe para demostrar el poder y la grandeza del monarca que la ha mandado construir.


Bibliografía
Anglim, Simon; Jestice, Phyllis G.; Rice, Rob S.; Rusch, Scott M.; Serrati, John, Técnicas bélicas del mundo antiguo 3000 a. C. – 500 d. C., 2006, LIBSA, Madrid.
García Fleitas, Luz María; Santana Henríquez, German, De la guerra marítima a la suntuosidad de Ptolomeo Filopátor. Cuadernos de filología clásica. Estudios griegos y europeos, 2001, volumen 11, Universidad Complutense de Madrid. Hemeroteca digital.
La Brújula Verde – Magazine cultural independiente – Tessarakonteres, el supercatamarán de la Antigüedad.
Memento Mori! – El Tessarakonteres, el barco a remos más grande de la historia.
Souza, Philip de (editor), La guerra en el mundo antiguo, 2008, AKAL, Madrid.
imperivm.org – Plutarco – Vidas paralelas – Tomo VII – Demetrio.

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