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jueves, 17 de noviembre de 2016

16 de noviembre en la historia de Neuquén


16 de noviembre de 1903

La expedición del padre Lino del Valle Carbajal -explorador salesiano- llega a la cima del volcán Domuyo, le acompañan Santiago Foggianini, Roza Flores y Gumersindo Carbajal.
Fue el primer grupo que escaló este pico, llegando a 3439 mts. sobre el nivel de Chos Malal y 4300 sobre el nivel del mar.
16 de noviembre de 1941
Se crea la Escuela Nº 124 (Centenario) siendo su primer director Celestino Elizari.
16 de noviembre de 1952
Asume el 16º gobernador del Neuquén Pedro Luis Quarta hasta el 31 de diciembre de 1954 en que es nombrado Comisionado Nacional.
Preside los actos del 50 aniversario de la capitalidad de Neuquén inaugurando el Monumento al Libertador General San Martín.
Con Quarta se cierra el ciclo de Gobernadores Territorianos que rigieron los destinos del Neuquén.
Una expedición militar hace cumbre en el volcán Domuyo, 49 años después de la expedición del padre Lino Carbajal.
16 de noviembre de 1960
Se implanta la Ley Electoral en la provincia.
16 de noviembre de 1961
Se designa municipios de tercera a las localidades de Tricao Malal, Bajada del Agrio y Andacollo.
16 de noviembre de 1964
Se crea el Batallón 181, la compañía de Comunicaciones 6 y el Batallón Logístico de Montaña 6.

FUENTE: “Acontecimientos y Protagonistas de la Historia Del Neuquén”, por el lic. Ricardo Koon.





Ascensión al Domuyo

Por Isidro Belver

‎113 años hoy, 16 de noviembre de la primera ascensión al Domuyo, “Techo de la Patagonia”, (4709 m.). Lo que entonces fue una aventura en alpargatas…. hoy lo ha convertido en un centro mundial para escaladores que gozan de su paisaje, su leyenda y la cordial atención de quienes vivimos reclinados a su sombra patriarcal. Este es el relato de ese acontecimiento por el hermano del sacerdote salesiano, científico y explorador uruguayo Lino del Valle Carvajal a los 32 años:

“H. 7,35 p.m. El Padre llegó al pico principal a la entrada del sol; detrás de él llegó Santiago, luego Roza Flores y yo. Desde esta altura de 4300 metros, se abarcaba un horizonte inmenso, las cordilleras parecían cerritos. Una vez allí, el Padre me vino al encuentro diciéndome: “Apúrate a llegar que vamos a saludar el pico con salvas”. A la verdad, yo tenía muy pocas ganas de saludar, pero su palabra y alegría me reanimó. Cuando nos reunimos, todos estábamos conmovidos. Enseguida el Padre con su máuser, Santiago con la carabina y yo con mi revólver hicimos una descarga, en dirección a unos altos peñascos, vivando a la República Argentina. Luego, otra descarga y un tiro final de revolver. Siete detonaciones, un disparo por cada una de las siete personas que habíamos empezado la subida, de las cuales tres se habían quedado atrás. Al fin vivamos a la Argentina, al Uruguay y a Chile. El Padre nos invitó a rezar tres Padrenuestros y una Salve a la Divina Providencia para que nos protegiera en el descenso, pues la noche empezaba a llenar de oscuridad la montaña. Habíamos echado diez horas en subir.
H. 8 p.m. Dimos la vuelta bajando hasta encontrarnos con D. Olegario y se labró un acta que se introdujo en una botella de cerveza, que se bebió con D. Olegario. Está escrita en lápiz, y se metió entre una rasgadura del risco Olegario. Enseguida emprendimos la bajada, medio a la carrera, y dándonos golpes a cada momento”.

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