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sábado, 8 de julio de 2017

La historia de la Patagonia desde la llegada del blanco


La historia de la Patagonia desde la llegada del blanco, es la historia de una larga guerra entre dos mundos. 

Lic. Helena Aizen (FUENTE)

Los enfrentamientos, que desde el siglo XVIII y hasta fines del siglo XIX, fueron tomando un carácter militar cada vez más sangriento, marcaron el "encuentro" entre una sociedad, europea o criolla, decidida a expandirse, y una sociedad indígena dispuesta a proteger sus territorios. 

El Virreinato del Río de la Plata

A mediados del siglo XVIII, las incipientes estancias cercanas a la ciudad de Buenos Aires avanzaban sobre lo que en aquel tiempo era territorio indígena ocupando progresivamente los campos donde los aborígenes se abastecían de ganado salvaje. En procura de animales las comunidades se vieron entonces obligadas a asaltar con malones las estancias. Los habitantes de Buenos Aires para protegerse levantaron los primeros fortines. Las pequeñas construcciones de barro o empalizada trazaron la primer línea de frontera defendida por el Cuerpo de Blandengues: una especie de milicia formada por paisanos mal armados y mal pagados.
La creación del Virreinato del Río de la Plata en 1776 benefició básicamente a la ciudad de Buenos Aires. Su prosperidad se apoyó en la riqueza ganadera de la región, pero su fuerza económica residió fundamentalmente en la ciudad portuaria, centro político del virreinato y sede de un activo intercambio comercial. 
En el territorio virreinal convivían blancos, negros, indios y mestizos. Españoles y Criollos fueron la "gente decente", rotulo que no implicaba necesariamente una buena situación económica, pero que otorgaba derechos negados a los demás. 
Protegidos por las leyes y celosos defensores de sus prerrogativas, criollos y españoles, se reservaron el ejercicio de la función política y la posibilidad de adquirir la prestigiosa categoría de "vecinos". 
Con el tiempo la oposición entre españoles y criollos fue agudizándose. La ocupación de España y la usurpación de la Corona por los franceses desencadenaron en el Río de La Plata los hechos de mayo de 1810: El Cabildo Abierto discutió la caducidad del Virrey y para reemplazarlo constituyó una Junta integrada en su mayoría por criollos. A partir de entonces comenzaron a producirse profundos cambios en una sociedad que empezaba a llamarse argentina. Influenciados por las ideas de la Revolución Francesa, los hombres de Mayo tuvieron un fuerte sentimiento de solidaridad con los habitantes originales de América. Sostenían que la conquista española había sido una usurpación de la propiedad y de los derechos de los Americanos y reconociendo a los indígenas como "hijos primogénitos de América" procuraron incorporarlos, mediante decretos, oficios, leyes y disposiciones legales, como miembros iguales a la nueva sociedad. 
Durante esa década predominó una política de integración basada en tratados y negociaciones pacificas con los indígenas del sur. Hacia 1820 el crecimiento de la industria ganadera reavivó la urgencia por expandir la frontera más allá del limite natural que trazaba el río Salado. Sin embargo las luchas entre Unitarios y Federales ocupaban toda la atención y los recursos. Los fondos que aportaban los hacendados para el mantenimiento del cuerpo de Blandengues no mejoraban la precaria protección de la línea fronteriza y la política defensiva ya no parecía suficiente. Los grandes malones que asolaron las poblaciones en esa época precipitaron la ofensiva violenta: Las campañas del coronel Martín Rodríguez primero, de Federico Rauch más tarde y en 1833 de Juan Manuel de Rosas, marcarían el inicio del proceso de exterminio.


Juan Manuel de Rosas

Juan Manuel de Rosas (1793-1877), nieto e hijo de terratenientes, conocía la vida del campo y las costumbres de los indígenas a los que empleaba como peones en los establecimientos rurales de su propiedad. Las buenas relaciones que como hacendado mantuvo con algunas de las comunidades y el respeto y la amistad que le brindaban varios caciques, le fueron de gran utilidad en su ejercicio político permitiéndole firmar alianzas que aseguraron su victoria sobre las bandas enemigas. 
Con el apoyo de los caciques Coyhuepan y Cachul, resistió la insurrección del General Lavalle contra el Gobernador Dorrego en 1828, asegurándose el enorme prestigio en Buenos Aires que lo llevaría poco después a la gobernación de la provincia. Su plan como gobernador era transformar el "desierto" colonizando las tierras ganadas. Propugnaba instalar en las estancias a las distintas comunidades dirigidas por sus caciques para que practicasen allí tareas agrícolas, ganaderas y artesanales. Sin embargo solo logro realizar este proyecto en forma limitada. 

La ofensiva de 1833

Durante el primer gobierno de Rosas, si bien se logró restablecer la paz en la provincia, la frontera permaneció inestable. Intentando resolver el problema indígena el gobernador presentó ante la legislatura un plan de ofensiva. 
En febrero de 1833, tres divisiones iniciaron la marcha. Cerca de 3800 soldados avanzaron desde Cuyo y Buenos Aires hacia el sur bajo las ordenes de los generales J. M. de Rosas, José F. de Aldao y J. Ruiz Huidobro. 
La división comandada por Rosas, que contaba en sus filas con la presencia de los caciques Catriel y Cachul (Tehuelche) y Cañuquir, Rondeau, Mellin y Cayupan (Voroganos) entre otros, fue la única exitosa logrando la desbandada casi total de las comunidades de la región. 
El destacamento comandado por el general Angel Pacheco, 20 jefe de la división izquierda, llego hasta Chole-Choel, arrasando a su paso las toldería de los caciques Paylleren y Chocorí. La Gaceta Mercantil de Buenos Aires publicó en su edición del 24 de diciembre de 1833 los resultados alcanzados: "3200 indios muertos, 1200 individuos de ambos sexos prisioneros y se rescataron en total unos mil cristianos cautivos". 
La frontera se extendió en el extremo oeste y sudeste de la provincia de Buenos Aires. La línea defensiva pasaba ahora por Bahía Blanca, Médano Redondo (conocido después como fortín Mercedes) y Carmen de Patagones: se habían ganado 2900 leguas cuadradas de tierras, suprimido los malones linderos y concretado alianzas con las comunidades indígenas amedrentadas por la derrota. 
Desde 1835 hasta la batalla de Caseros en 1852, Rosas gobernó con la suma del poder público. La Constitución sancionada en 1853 y la elección de Justo José de Urquiza como Presidente fueron el inicio de la Confederación Argentina, que formada por trece provincias se enfrento durante diez años a Buenos Aires. Las fronteras totalmente desguarnecidas dejaron a las poblaciones a merced de los ataques indígenas que azotaron la provincia. La batalla de Pavón en 1860 determino la disolución de la Confederación y en 1862 Bartolomé Mitre fue electo Presidente de La Nación. Buenos Aires ya reincorporada al país, fue declarada por la legislatura Capital provisoria. El nuevo presidente no dejo de ocuparse del problema indígena. Intento arrinconar a las bandas mas belicosas del sur y detener a las otras mediante tratados de paz, sin embargo la lucha en las fronteras no se detuvo.


Tierra adentro 

Tierra adentro era el nombre que daban los blancos al territorio indígena de la pampa y el norte de Patagonia. En él consolidaban sus fuerzas los Mapuche, Pehuenche, Ranqueles, Voroganos y Tehuelche septentrionales demostrando su creciente poderío en malones cada vez mejor organizados. Sin embargo la unidad indígena era constantemente minada por los tratados y alianzas que se establecían con los blancos, quienes buscando debilitar sus fuerzas fomentaban los enfrentamientos entre las distintas comunidades. 
Chocorí al mando de los Mapuche, fue el principal enemigo que debió enfrentar Rosas. Su territorio se extendía desde La Ventana y Bahía Blanca hasta la confluencia de los ríos Neuquén y Limay: el "País de las Manzanas", donde tenía sus principales tolderías. Aliado de los Voroganos, vivía en constante acoso de las poblaciones fronterizas. Logró escapar en varias oportunidades de la persecución de las tropas Rosistas hasta que fue finalmente sorprendido por el teniente General Francisco Sosa, quien había recibido del general Pacheco la orden de rodearlo y destruirlo. 
Muerto el Cacique Chocorí en 1834, su hijo Sayhueque lo sucedió en el mando. Los caciques Lucio, Juan Manuel Cachul, Juan Catriel y sus hijos Cipriano, Juan José y Marcelino, Tehuelche septentrionales todos, ocupaban la zona del arroyo Tapalqué cercana a Azul.
Aliados de Rosas, sus comunidades se mantuvieron en paz hasta la caída del dictador. Al sur del Río Negro moraban dispersos los Tehuelches meridionales que no participaban de los malones.
Los Ranqueles, grupo de origen Tehuelche araucanizado, cuyas tolderías se encontraban en el interior de la Pampa, sur de Córdoba, San Luis y oeste de Buenos Aires, fueron hostiles tanto a Rosas como a las autoridades que lo sucedieron. En Leuvucó tenían su asiento los caciques principales entre los que se destacó Yanquetruz por su poderío. 
Próxima a los Ranqueles, vivía una agrupación que respondía a las ordenes del coronel Manuel Baigorria, ex-oficial subalterno de José María Paz, que a la muerte de este se refugio entre los Ranqueles adoptando sus usos y costumbres. Encabezó malones contra Córdoba y el oeste de Buenos Aires hasta que producida la caída de Rosas entro al servicio de la Confederación.



Los pehuenches por su parte controlaban los pasos cordilleranos neuquinos, cumpliendo una función de intermediarios en el comercio de ganado. Cerca de Masallé, al oeste de Salinas Grandes, la comunidad de voroganos llegada de Chile a principios del siglo XVIII, fue sometida en 1835 por Calfucurá (Piedra Azul), un poderoso cacique araucano. Desde entonces el poderío del cacique iría creciendo hasta convertirlo en el más grande Toqui de Argentina. Ejercía su autoridad sobre numerosos caciques y capitanejos encabezando la "Confederación de Salinas Grandes", máxima expresión organizativa de las bandas indígenas de la época. 
Calfucurá, además de estratega, se destacó por su capacidad negociadora. Durante el gobierno de Rosas, Salinas Grandes y Buenos Aires fueron dos centros de poder con intenso intercambio y a la caída del dictador, desprotegido por Buenos Aires, Calfucurá llevó sobre la ciudad y sus alrededores una sucesión ininterrumpida de ataques, mostrando el apogéo de su poder que no declinaría hasta ser derrotado en la batalla de San Carlos en 1872.


La batalla de San Carlos 

En 1870 el comandante de la frontera sur, Coronel Francisco de Elías, firmó un convenio con Calfucurá comprometiéndose ambos a mantener la paz, pero el mismo comandante algunos meses más tarde atacó las tolderías de los caciques Manuel Grande, Gervasio Chipitruz y Calfuquir (Caciques Tehuelche). 
La traición enfureció a Calfucurá, quien reunió a todos los araucanos, ranqueles y tehuelche disponibles y en marzo de 1872 atacó Alvear, 25 de Mayo y 9 de Julio en un impresionante malón. Esta invasión marcó la cima del poderío indígena. Las represalias que se desataron tres días después en la batalla de San Carlos, una de las más terribles producidas hasta entonces, marcaron el fin del poderoso Calfucurá, quien refugiado cerca de Salinas Grandes murió el 4 de junio de 1873. 

Adolfo Alsina 

Entre 1868 y 1874 gobernó como presidente electo Domingo F. Sarmiento. En 1874, nuevas elecciones proclamaron a Nicolás Avellaneda como presidente. Adolfo Alsina, nombrado Ministro de Guerra, propugnó un plan de avance paulatino hacia el sur, que aspiraba alcanzar el Río Negro logrando la paz con las comunidades indígenas: " El plan del Poder ejecutivo es contra el desierto para poblarlo y no contra los indios para destruirlos". 
Sin embargo la falta de una planificación adecuada y la incapacidad del gobierno de respetar minimamente en sus tratados los intereses de los indígenas, llevo a Namuncurá en un último gran esfuerzo por defender sus territorios, a organizar la "Invasión Grande": Aproximadamente 3500 araucanos y ranqueles arrasaron las poblaciones del centro de la provincia de Buenos Aires.


La zanja de Alsina

El Ministro de Guerra cambio su actitud y sin vacilar organizó la contraofensiva: Formadas en cinco divisiones, las tropas avanzaron a principios de 1876 sobre "Tierra Adentro". Aunque enfrentaron a los guerreros de Juan José Catriel, Namuncurá y Pincen, el resultado principal de la campaña fue la construcción de pueblos (Carhué, Guaminí, Puán, Trenque-Lauquen e Ita-ló), fuertes, fortines y una zanja de 374 Km entre Carhué y Laguna del Monte. 
Desde el principio de su gestión Alsina había proyectado una zanja paralela a la línea de frontera, que imposibilitara las invasiones. Dicha zanja de unos 3 metros de ancho por 2 de profundidad sólo dificultó el acceso de los indígenas sin impedir que la frontera siguiera siendo atacada y se mantuviera en extremo inestable. 
Las presidencias constitucionales de Mitre, Sarmiento y Avellaneda, que se sucedieron desde 1862 hasta 1880 , marcaron un período en el que la fe estaba puesta en la inmigración europea, fundamentalmente anglosajona. Los dirigentes del país pensaban que este "aporte racial" mejoraría la "calidad étnica" y la mentalidad de los argentinos criollos. El modelo de "civilizacion" era el europeo, y en su nombre los otros pueblos, considerados "barbaros" debian ser sometidos. 
Tierra adentro seguía en manos de sus dueños originales pero su situación se hacia cada vez más difícil. El agotamiento y el hambre llevo a rendirse a comunidades como las de los caciques Ramón Platero (ranquel), Manuel Grande, Tripailao y Catriel (tehuelche). El poder indígena se debilitaba, sus filas disminuían por la muerte de numerosos guerreros y frente a los Remington y a las enfermedades traídas por los blancos pocos recursos les quedaban. 

Julio Argentino Roca

La muerte de Alsina en 1877 dejó a cargo del Ministerio de Guerra al General Julio Argentino Roca, cuyas ideas diferían sustancialmente de las de su antecesor. Para el nuevo Ministro el objetivo era claro: ... A mi juicio el mejor sistema de concluir con los indios, ya sea extinguiéndolos o arrojándolos al otro lado del río Negro, es el de la guerra ofensiva, que es el mismo seguido por Rosas, que casi concluyó con ellos...( carta del Gral Roca a Alsina). y su proyecto preciso: "Es necesario (...) ir directamente a buscar al indio en su guarida, para someterlo o expulsarlo, oponiendo enseguida, no una zanja abierta en la tierra por la mano del hombre, sino la grande e insuperable barrera del río Negro, profundo y navegable en toda su extensión, desde el océano hasta los Andes"- Mensaje y Proyecto presentado por el Gral.Roca al Congreso de la Nación el 14 de Agosto de 1878.
La invención del frigorífico, que abría las puertas a la exportación de carne haciendo indispensable una expansión territorial, tanto como las pretensiones chilenas sobre la Patagonia, dieron un carácter de urgente a la campaña, que debía asegurar la soberanía argentina en esas tierras. En virtud del pedido formulado en el mensaje de 1878 el Congreso Nacional sancionó una ley por la cual se destinaban $ 1.600.000.- para el traslado de la frontera a los ríos Negro y Neuquén. De esta manera el General Roca estuvo en condiciones de ejecutar sus planes. Durante los últimos meses de 1878 dispuso una ofensiva preliminar a cargo de pequeños contingentes que irían desgastando a los indígenas con constantes ataques. Empezó por modernizar las tropas suprimiendo la artillería que restaba rapidez a las operaciones y resultaba ineficaz ante un enemigo en extremo móvil y disperso. Simplificó el equipo aboliendo las pesadas corazas para dar más soltura al personal e incrementó la construcción de líneas telegráficas para asegurar que las órdenes llegaran oportunamente.


1878: La ofensiva preliminar 

El plan preliminar buscaba "limpiar" de indígenas el territorio entre la frontera y el río Negro, ya fuere quebrando su moral, reduciendo sus efectivos o privándolos de sus haciendas. Manteniendo el sobresalto en ellos, se los obligaría a someterse voluntariamente o a emigrar hacia el interior del desierto. 
En 1878 el Coronel Levalle primero y al poco tiempo el Teniente Coronel Freire atacaron a Namuncurá en sus toldos provocándole más de 200 muertos. Ese mismo año Juan José Catriel se entregó prisionero al Coronel Vintter, con más de 500 hombres, y cerca de Laguna Malal, el Cacique Pincen fue sorprendido y capturado junto a 20 de sus mejores hombres. Todos ellos fueron trasladados a la isla Martín García para su confinamiento definitivo. El Cacique ranquel Epumer cayó prisionero en Leuvuco a manos de una partida al mando del capitán Ambrosio. 
La ley del 11 de octubre de 1878 creó la Gobernación de los Territorios de la Patagonia, recayendo la responsabilidad en el Coronel Alvaro Barros. "El nuevo gobierno tendrá por objeto principal fomentar el desarrollo de las poblaciones mencionadas, promover la fundación de otras y contribuir al éxito de la expedición proyectada, siendo además su existencia indispensable para la radicación definitiva de la nueva ley de fronteras, una vez que haya sido ocupada." Mensaje dirigido al Congreso de la Nación en septiembre de 1878 por el Presidente Avellaneda y el Gral. J.A. Roca.

1879: "La Conquista del desierto"

El plan de desgaste había sido exitoso: las comunidades de Pampa y Patagonia completamente debilitadas por las pérdidas se preparaban a recibir el asalto final. En este contexto se inició la autodenominada "Conquista del Desierto", golpe final del paulatino proceso de exterminio y desarticulación cultural que desde hacía más de medio siglo se estaba llevando a cabo. 
Entre abril y mayo de 1879 se realizó la acción relámpago. Cerca de 6000 soldados, en 5 divisiones equipadas con el mejor armamento de la época, avanzaron decididas a barrer la llanura. El General Roca los comandaba "en esta cruzada inspirada por el más puro patriotismo, contra la barbarie" ,como él mismo la calificara en su mensaje a los soldados del Ejército Expedicionario, el 26 de abril de 1879. 
La primera división al mando del General Roca estaba compuesta por casi 2000 hombres, entre los cuales 105 eran indígenas. Partieron de Carhué el 29 de abril de 1879 y arribaron el 24 de mayo a Chole-Choel. La ocupación pacífica del lugar significó, para los indígenas, la pérdida de uno de sus bastiones más importantes. Un mes más tarde Roca regresó a Buenos Aires, dejando al Coronel Conrado Villegas a cargo de las fuerzas. 
La segunda división, al mando del Coronel Nicolas Levalle, contó con 450 soldados entre los cuales 125 eran indígenas del Cacique Tripailao. En su avanzada hacia Traru-Lauquen (La Pampa) enfrentó a los indígenas provocando importantes pérdidas entre los hombres de Namuncurá.
Eduardo Racedo fue el comandante de la tercera división que avanzó hacia Potahue al frente de 1350 hombres, entre ellos se contaban numerosos indígenas ranqueles y de los Caciques Cuyapán y Simón. Persiguió infructuosamente al Cacique Baigorrita y aunque no logró capturarlo, cerca de 500 indígenas cayeron prisioneros. 
Napoleón Uriburu al mando de la cuarta división partió el 21 de abril desde Mendoza con destino a la confluencia de los ríos Limay y Neuquén. En la zona del actual Chos Malal sorprendió a las tolderías ranqueles del Cacique Peyeumán provocando numerosas muertes, entre ellas la del Cacique. En Río Agrio batieron al cacique Painé haciéndolo prisionero junto a 60 de sus hombres, y en su avanzada lograron finalmente la muerte del cacique Baigorrita. La cuarta división finalizó su campaña obteniendo un resultado de 1000 indígenas muertos y 700 prisioneros. 
La quinta división al mando del Teniente Coronel Hilario Lagos, inició su marcha desde Trenque Lauquen, a su paso 150 indígenas cayeron prisioneros en los breves combates que mantuvo en los montes de Acahue y Calcahue. En Curu-Pichi-Cajuel, el Teniente Coronel Godoy persiguió y dio muerte al capitanejo Lemumier y su hijo. La quinta división capturó en su expedición 629 prisioneros. 
El avance de las cinco divisiones fue incontenible. En dos meses lograron ocupar la llanura hasta más allá de los ríos Negro y Neuquén, recuperar 500 cautivos y diezmar a las comunidades indígenas. Sólo quedaban libres, ahora, los últimos caciques. De acuerdo con la Memoria del Departamento de Guerra y Marina de 1879, los resultados de la campaña fueron los siguientes: 
5 caciques principales prisioneros 1 cacique principal muerto (Baigorrita) 1.271 indios de lanza prisioneros 1.313 indios de lanza muertos 10.513 indios de chusma prisioneros 1.049 indios reducidos .
Los últimos indígenas debilitados eran empujados cada vez más al sur por una frontera que ahora se extendía sobre los ríos Neuquén y Negro. Se ganaron así más de 15.000 leguas de tierras y posteriormente se crearon pueblos y colonias en las márgenes de los ríos Colorado, Negro, Neuquén y Santa Cruz. Con el traslado de la frontera al río Negro se abrieron y facilitaron las comunicaciones del interior hacia el litoral atlántico. Se extendió progresivamente la red telegráfica militar, que luego fue entregada a la administración civil. Se establecieron colonias indígenas para los sobrevivientes. 
Así se destinó por decreto de febrero de 1879, el Fortín General Conesa, sobre el río Negro, como colonia indígena para los restos de la tribu de Catriel. A los colonos debía dárseles elementos para construir las viviendas; semillas; útiles de labranza. Un sacerdote que viviría en la colonia, promovería su conversión al catolicismo y la colonia estaría bajo las órdenes de un intendente militar, encargado de vigilar y administrar la misma. Para los indígenas prisioneros se previó su ocupación inmediata, diseminándolos en poblaciones rurales. Muchos fueron enviados a Tucumán para las tareas de la zafra, o a Entre Ríos. Mediante duros trabajos se pretendió adaptarlos a la "civilización". 

La Iglesia en la Conquista

El acceso de Monseñor Federico Aneiros al arzobispado de Buenos Aires a mediados de 1873, permitió el fortalecimiento de una política más orgánica hacia las comunidades de la llanura. El nuevo Vicario fundó el "Consejo Para la Conversión de los Indios al Catolicismo" y en el período 1873-1879 se crearon o revitalizaron varios centros de acción misionera, algunos de los cuales contaron con la aceptación temporal de los caciques. 
Aunque la iglesia intento acuerdos, especialmente con Namuncurá, los parlamentos mantenidos no tuvieron éxito y la resistencia de los indígenas a incorporar una nueva religión, fueron desalentando a los misioneros. Sin embargo los mismos misioneros denunciaban que los descontentos surgidos entre la masa indígena se debían basicamente a la "poca fidelidad del gobierno en cumplir sus compromisos respecto de ellos". La "Conquista del Desierto" quebró por completo la línea de acción de la iglesia en aquel tiempo. 
Aunque el General Roca llevaba como capellan de la campaña a Monseñor Antonio Espinosa, la militarización de la cuestión indígena convirtió a los misioneros en meros asistentes de enfermos y moribundos. Tras la expedición de Roca, la iglesia intensificó su función de intermediaria recibiendo las demandas de los caciques aún libres e intercediendo ante el gobierno para que deje sin efecto las condenas a prisión de los indígenas.


Presidencia de Roca

El año 1880 se inició con una rebelión encabezada por el Dr. Carlos Tejedor, Gobernador de la Provincia de Buenos Aires y una revuelta en Corrientes contra el Gobierno Nacional, los indígenas aprovechando las circunstancias volvieron a atacar. En octubre de ese año Roca asumió la Presidencia de la Nación, gracias a la popularidad alcanzada con la victoria de 1879. El nuevo Ministro de Guerra y Marina, Coronel Benjamín Victorica, siguió el camino marcado por su antecesor y ordenó al General Villegas el inicio de una expedición al actual territorio de Neuquén, teniendo como meta el lago Nahuel Huapi. Para Roca "...la República no termina en el Río Negro; más allá acampan numerosos enjambres de salvajes que son una amenaza para el porvenir y que es necesario someter a las leyes y usos de la Nación". 
Mientras tanto los indígenas que lograron substraerse a las batidas anteriores, no tenían residencia fija y por temor a nuevos encuentros ambulaban hambrientos por los valles cordilleranos. Algunos lograron eludir el control de fortines y patrullas realizando asaltos de regular importancia. 

La avanzada final

A principios de 1881 se inició la última etapa de la campaña, organizando tres brigadas que movilizaron a 1700 hombres bajo las órdenes del Coronel Conrado Villegas. 
La primera brigada bajo el mando del Teniente Coronel Rufino Ortega realizó una breve campaña en la que enfrentó a Tacumán, hijo del cacique Sayhueque. Llegó al Nahuel Huapi el 3 de abril, dejando a su paso 23 indígenas muertos. 
La segunda brigada a cargo del Coronel Lorenzo Vintter, sorprendió cerca del Collon-Curá al Cacique Molfinquéo tomando 48 prisioneros, en la búsqueda de Sayhueque dejo 17 indígenas muertos. 
La tercera brigada al mando del Coronel Liborio Bernal, en su camino hacia el Nahuel Huapi capturó a 140 indígenas y abatió a 45. Sin embargo los principales caciques seguían libres, "Prefieren morir peleando que vivir esclavos" y en 1882 realizan los últimos ataques. 
Una nueva campaña se preparaba. A fines de 1882 cerca de 1400 hombres al frente del ahora General Villegas se disponían a terminar definitivamente con los indígenas. 
La primera brigada comandada por el Teniente Coronel Rufino Ortega sostuvo violentos combates con ranqueles y araucanos. El Cacique Millamán se rindió con casi 100 indígenas. 
El Teniente Coronel Ruibal se batió con el cacique Queupo ocasionando numerosas muertes entre los indígenas. El Cacique Cayul cayó prisionero con 80 de sus hombres. 
El Mayor José Daza sorprendió a Alvarito Rumay, quien perdió entre muertos y prisioneros a más de 40 guerreros. Los capitanejos Cayupán y Nahuelpán fueron capturados. 
A su paso la primera brigada dejó alrededor de 120 indígenas muertos y más de 500 prisioneros. La segunda brigada al mando del Teniente Coronel Godoy realizó una serie de operaciones persiguiendo a Namuncurá, Reuque-Curá y Ñancuche. Este último logró pasar a Chile mientras que Reuque-Curá cayó en prisión. 
En su avanzada la segunda brigada dejo un saldo de cien muertos y 700 prisioneros. 
La tercer brigada encabezada por el Teniente Coronel Nicolás Palacios, se lanzó sobre Sayhueque e Inacayal. Aunque no logró atrapar a los caciques, 145 indígenas fueron muertos y cerca de 500 hechos prisioneros. 
La campaña de Villegas había expandido la frontera en 1882 a toda la Provincia de Neuquén, defendida ahora por 15 nuevos fortines y fuertes: 364 indígenas más habían sido muertos y más de 1700 fueron nuevos prisioneros. El 5 de Mayo de 1883 el General Villegas informaba: "En el territorio comprendido entre los ríos Neuquén, Limay, Cordillera de los Andes y Lago Nahuel Huapi; no ha quedado un solo indio, todos han sido arrojados a occidente.(...) Al sur del río Limay, queda del salvaje los restos de la tribu del Cacique Sayhueque, huyendo, pobre, miserable y sin prestigio"(...) 
En 1884 el entonces gobernador de la Patagonia general Wintter dispuso el ataque final contra Sayhueque e Inacayal, para entonces Namuncurá, extenuado, se había rendido con 330 de sus hombres. Los caciques, reunidos en un gran parlamento, intentaron organizar una defensa desesperada. Provistos de armas de fuego fueron al combate con el compromiso de pelear hasta morir. Varios caciques se vieron obligados a rendirse. 
Agotado y desmoralizado, en una situación de arrinconamiento insostenible, Sayhueque se entregó el 1 de enero de 1885 con más de 3000 hombres. Muchos indigenas murieron en combate y los restantes libraron la última batalla el 18 de octubre de 1884: aquel día, Inacayal y Foyel se enfrentaron al teniente Insay y cayeron prisioneros. Junto con sus hermanos, mujeres e hijos, ambos caciques fueron llevados, en 1886, a vivir al Museo de la Plata. El Dr. Moreno, fundador de la institución, intentaba de esta manera retribuirles su hospitalidad. 
"Y un día, cuando el sol poniente teñía de púrpura el majestuoso propíleo de aquel edificio (...), sostenido por dos indios, apareció Inacayal allá arriba, en la escalera monumental; se arrancó la ropa, la del invasor de su patria, desnudó su torso dorado como metal corintio, hizo un ademán al sol, otro larguísimo hacia el sur; habló palabras desconocidas y, en el crepusculo, la sombra agobiada de ese viejo señor de la tierra se desvaneció como la rápida evocación de un mundo. Esa misma noche, Inacayal moría, quizas contento de que el vencedor le hubiese permitido saludar al sol de su patria". Clemente Onelli. Fue el 24 de septiembre de 1888. 
Cuando al año siguiente se abrieron al público las puertas del Museo de la Plata, Inacayal no era más que una curiosidad etnológica con el Nº 5438. Un siglo después, en 1994, fue enterrado en Tecka, provincia de Chubut.

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