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jueves, 1 de septiembre de 2016

“¡Emma Bovary soy yo!”


Delphine Delamare (1822-1848), hija de un acomodado terrateniente francés, se casó con un médico de la ciudad de Ry. Soñadora y ambiciosa por naturaleza, vivió una existencia llena de lujos extravagantes, rodeada de amantes, para acabar suicidándose ingiriendo arsénico. 
Al conocer el relato de su vida, Gustave Flaubert (1821-1880) se inspiró en ella para componer la personalidad de la protagonista de su novela Madame Bovary. Sin embargo, Flaubert negó ésta y otras similares imputaciones de haberse inspirado en personajes reales, que le llevaron incluso a los tribunales, ante los que afirmó: “¡Emma Bovary soy yo!”. Y es que Flaubert acumuló suficientes razones como para no mantener mucho cariño por su obra maestra, que fue condenada por pornográfica al poco de ser publicada en 1856 como folletín en las páginas de un periódico, recayendo en su autor la acusación de ofensor de la moral pública y sacrílego. Sometido a juicio formal por estas acusaciones, el tribunal censuró la obra, más absolvió al autor. No obstante, como era de esperar dada esta publicidad, el libro se vendió a millares.


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