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domingo, 21 de agosto de 2016

William Shakespeare, el plagiario


A mediados del siglo XIX, el estadounidense J. C. Hart Puso en duda en su libro Romance of Yachting (1848) que William Shakespeare (1564-1616) hubiese escrito realmente las obras que se le atribuyen. Según él, lo más probable es que bajo el nombre de Shakespeare se escondiese un hombre mucho más culto e instruido que este, según Hart, oscuro comediante pueblerino. Esta opinión —como suele ocurrir con todas las de raíz iconoclasta— encontró pronto partidarios que se pusieron a investigar tratando de descubrir el verdadero autor de las obras atribuidas a
Shakespeare. De este modo, el escepticismo fue ganando adeptos, gracias sobre todo al papel jugado por Delia Bacon, una convencida defensora de esta teoría que hizo una entusiasta labor proselitista. William Henry Smith, en un folleto de 1856 titulado ¿Fue Lord Bacon el autor de las obras de Shakespeare?, fue el primero en apuntar por escrito el nombre de Francis Bacon (1561-1626) como el probable autor de las obras de Shakespeare. El transcurso del tiempo trajo nuevas teorías, a cual más extravagante e improbable. Como posibles autores de las obras atribuidas a Shakespeare se han señalado los nombres del duque de Rutland, el conde de Derby, Ben Jonson, Walter Raleigh e, incluso, a la propia reina Isabel I de Inglaterra, entre otros muchos. Lo cierto es que nadie hasta ahora ha podido demostrar fehacientemente ninguna de estas atribuciones.
Además de ser un lugar común de la historia de la Literatura la cuestión de si William Shakespeare escribió realmente las obras que se le atribuyen, también se ha hablado mucho de sí, dando por cierto que él las publicó, plagió en ellas las de otros autores. A este respecto, las acusaciones de plagio se remontan a épocas contemporáneas al propio Shakespeare. En septiembre de1592, el dramaturgo inglés Robert Greene (1558-1592) escribió en su lecho de muerte una carta dirigida a sus amigos y colegas Christopher Marlowe (1564-1593) y Thomas Lodge (1558- 1625), previniéndoles contra "un advenedizo, un grajo que se adorna con nuestras plumas, con un corazón de tigre envuelto en piel de cómico". Esta dura acusación de plagiario iba dirigida contra William Shakespeare. Según los historiadores de la literatura, algo había de cierto en esta acusación puesto que Shakespeare escribió un drama en tres actos sobre la vida del rey inglés Enrique VI muy similar en estructura y desarrollo a dos obras escritas años antes por Greene, Marlowe, Lodge y Pool sobre la vida del mismo monarca. El propio Shakespeare se defendió de ésta y otras muchas acusaciones similares que pesaron sobre él escribiendo: "He rescatado las ideas interesantes de unas obras bastante mediocres y las he mejorado". No es difícil mediar en esta cuestión, añadiendo que ambas partes tenían, en última instancia, razón.




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