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domingo, 14 de agosto de 2016

Todos quieren estar en Montecarlo


En 1863, el hombre de negocios francés François Blanc obtuvo la autorización necesaria del príncipe de Mónaco Carlos III para construir en un desolado peñasco del principado un casino de juego. En honor del monarca, se dio al casino el nombre de Monte Carlo, que más tarde se convertiría en Montecarlo. Hasta entonces, el principado era un desconocido enclave, prácticamente incomunicado con el resto de Europa, pero en pocos años pasó a ser, por iniciativa de Blanc, uno de los más importantes focos de atracción del turismo de calidad de todo el mundo.


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