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lunes, 18 de julio de 2016

Impuesto por las barbas


En 1698, el zar ruso Pedro I El Grande (1672-1725), tratando de homologar el aspecto de sus súbditos con el del europeo estándar de la época, promulgó un decreto gravando con un impuesto a todos los rusos (excepto los sacerdotes y los campesinos) que se obcecasen en llevar barba. Así, los nobles y los negociantes tuvieron que pagar el derecho de mil rublos para conservar la barba, mientras el pueblo llano se veía obligado a pagar un kopek por barba. Para hacer cumplir su decreto, el zar situó a una legión de recaudadores a las puertas de las ciudades para exigir el pago del impuesto o, en su defecto, recurrir a los servicios de un barbero que allí mismo, ipso facto, rasurase a los rebeldes.


Años después, este mismo zar compró la colección de especímenes del naturalista y embalsamador holandés Frederic Ruysch (1638-1731), formada por unos 1.300 fósiles, rocas, plantas y embriones y fetos humanos y animales, en perfecto estado de conservación. Inmediatamente, el zar ordenó el traslado de la colección a Rusia a bordo de un barco. Desgraciadamente, cuando el buque arribó a San Petersburgo, la colección estaba diezmada y prácticamente perdida, pues los marinos se habían bebido todo el brandy en que estaban preservados muchos de los especímenes.

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