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jueves, 11 de septiembre de 2014

Anécdotas de la fundación de la ciudad de Neuquén

Al fondo se alcanza a apreciar la sala de máquinas del ferrocarril, actual museo Gregorio Alvarez.

Reproducimos un texto de la investigadora Vicky Chávez publicado en el diario La Mañana Neuquén.

Por Vicky Chávez (Diario La Mañana Neuquén)

 

El libro “La Primera Historia de Neuquén. Recuerdos Territorianos”, de Ángel Edelman data de 1954, año en el que la capital neuquina celebraba el cincuentenario de su fundación. Sus páginas contienen las primeras gestas de aquellos primeros años, desde la campaña a estas tierras hasta el traslado de la capital desde Chos Malal a la Confluencia.
 Don Ángel Edelman nació a fines del siglo XIX en Villaguay, Entre Ríos. Cursó sus estudios en el Colegio Nacional de Concepción del Uruguay. Llegó a Neuquén junto a su padre, José Edelman, en 1904. En 1908, según relata don Carlos Agustín Ríos, ya se dedicaba al periodismo. Ingresó a trabajar en el diario “Neuquén”, fundado por su padre junto con Abel Chaneton. 
Edelman realizó diferentes tareas y se destacó en todas ellas: como auxiliar de la Gobernación, en el Juzgado Letrado, juez de paz, policía territorial y como concejal. Precisamente, como edil no cobró las dietas: las donó al hospital de Neuquén.
Fundó el diario “La Cordillera”, desde donde impulsó el progreso regional en épocas difíciles para que un diario pudiera subsistir. Tropezó con grandes obstáculos, pero con el espíritu de sacrificio que sustentaba altos ideales. Posteriormente se jubiló como periodista. No nos olvidemos que Neuquén era Territorio nacional y por lo tanto no tenía decisiones propias pues dependía del gobierno nacional.

En 1954 escribió “Recuerdos territorianos”, la obra de la que tomamos las anécdotas que siguen, premiada por la Comisión Nacional de Cultura. Se desempeñó también como profesor de Educación Democrática en escuelas técnicas nacionales.

En 1957 presidió la Convención Constituyente que tuvo como misión sancionar la Constitución Provincial.

El 1º de mayo de 1958, Edelman asumió el máximo cargo político ejecutivo: gobernador de la provincia del Neuquén. Fue el primero tras la provincialización, electo por el pueblo. Don Alfredo Asmar, su compañero de fórmula, terminó el período de gobierno porque don Ángel debió acogerse a la licencia por enfermedad.


Discurso inaugural.
 
Anécdotas de la fundación en 1904
 

Según Edelman, la capital neuquina fue empresa de tres espíritus, todos ellos eximios escritores: “El doctor Joaquín V. González, Ministro del Interior, eminente publicista y ‘rapsoda’; el gobernador don Carlos Bouquet Roldán, cuyos escritos de garra y versos atildados, de corte clásico, solían aparecer firmados con el seudónimo ‘Sirén’, como elucubrados en su chacra ‘La Sirena’, ubicada en colonia Bouquet Roldán de esta ciudad; y el doctor Eduardo Talero, secretario de la Gobernación entonces, ‘lírico, poeta de alto vuelo, de los más renombrados de América’”.
“Gracias, lo tomo amargo”

Esta anécdota trata sobre un hecho ocurrido durante la inauguración oficial de esta capital, 12 de septiembre de 1904, en el almuerzo popular que la Comisión de festejos organizó en honor del ministro Joaquín V. González, la comitiva que lo acompañaba (quienes habían llegado a estas tierras en tren desde Bs. As.), autoridades locales y vecinos.

Dicha Comisión, presidida por el vecino español don Francisco Bueno, organizó el almuerzo al aire libre sobre tablones de madera sostenidos por caballetes que sirvieron de mesa. Fue un almuerzo plagado de buen humor y chascarrillos. Al servir el café a los comensales, Don Bueno tomó el azúcar y se sirvió él antes que otros, pero, “reaccionando pronto y para enmendar su equivocación protocolar, se la pasó inmediatamente al ministro, que estaba de pie a su lado. El ilustre riojano, que lo había observado con regocijada cachaza socarrona, quiso gastarle una broma y le dijo, sonriente, alcanzándole el azucarero: ‘Sírvase usted primero, Sr. Bueno’. Como todos estaban en el secreto, hubo naturalmente un momento de tensa expectativa, en el ambiente de ligera jarana que reinaba. Pero don Francisco salió rápidamente del paso. Ni lerdo ni perezoso, con esa chispa y ese gracejo que distinguen a los naturales de las provincias andaluzas, le contestó en el acto: ‘No gracias: yo siempre lo tomo amargo’. Estalló una carcajada general ante la ingeniosa salida.

Y así se hizo famosa la rápida y chispeante réplica, que la tradición local ha venido conservando y en Neuquén tiene indiscutible derecho de primogenitura.

Don Francisco Bueno Cordero –español, don Pancho Málaga como se le decía cariñosamente– contribuyó al progreso local en diversos órdenes, ejerciendo incluso funciones públicas transitorias; construyó caminos e instaló servicios de balsas, primero en el río Neuquén y luego el muy necesario pasaje en el río Limay, a la altura de Laguna del Toro (hoy Senillosa), que comunica con el vecino territorio de Río Negro.”



Bouquet Roldán: “pancito”

“El gobernador Carlos Bouquet Roldán, fundador de Neuquén, era de tal recio carácter que llegó a llamársele ‘loco’, ya que sus cualidades de realizador, ensoñador y poeta, las  alternaba con los sueños, y la literatura con la acción.

Pareciera que bajo un aspecto adusto, de enérgico talante, escondía un corazón sensible. Hacían época sus “lunas”. Cuando rugía el viento “huracanado”, sacudiendo hasta los cimientos del chalet gris, temblaba la Gobernación; temblaba por los sacudimientos del huracán y por el estado de nervios del gobernador. Y es necesario recordar que los vientos de aquellos años soplaban con fuerza y continuidad abrumadoras…”

Don Edelman cuenta en su libro que don Carlos tenía pasión por las empanadas cordobesas. Parece que “en una ocasión le llegaron algunas de su provincia enviadas, al parecer, por su madre; doble motivo para que la sonrisa le iluminara de satisfacción el rostro, a pesar de que el vientecillo de la jornada iba tomando cuerpo inquietante.

Neuquén no contaba aún con hoteles aparentes o casa de comida, y el gobernador había tomado pensión  en la casa de un funcionario amigo. Las empanadas de marras pasaron a la cocina para ser calentadas. Un rato después se presentó en el comedor, con la inocencia de sus cinco años, uno de los niños de la casa, y depositó muy orondo sobre la mesa la empanada que portaba en las manos visiblemente sucias por los revolcones de su edad. –Tía, ya está caliente el pancito– le dijo ufano el pequeño comedido.

Bouquet Roldán se levantó en un arranque de indignación incontenible. Tomó el ‘pancito’ y lo arrojó violentamente afuera, partiendo hecho una furia hacia sus habitaciones de la sede gubernativa. Durante varios días su asistente iba a buscarle la vianda; estaba inabordable. Pero cuando el tiempo se serenó, en un plácido día de sol, volvió sin previo aviso, riendo él mismo del incidente malhadado.”



El traslado  de la capital desde Chos Malal a la Confluencia

“El subcomisario de Policía territoriana, don Horacio F. Sautú, estuvo a cargo del traslado de los archivos, muebles y familias de empleados de la Gobernación de la antigua capital, Chos Malal, a su nueva sede de la Confluencia. Esta tarea llevó 14 días con sus ‘noches’ de invierno, sin lluvias, con buenas heladas, para cruzar la travesía por Carranza al Añelo y costa del Neuquén por Tratayén, hasta llegar al Km. 1.190, hoy Cipolletti. Cuando llegaron, se alojaron las familias en galpones de zinc. En otros de esos galpones se instaló la jefatura y comisaría de Policía en 1904.”



El castillo Chateau Gris

Desde la fundación de la capital neuquina en 1904 y hasta 1929, la Gobernación del Neuquén tuvo su sede administrativa en el chalet de madera de dos pisos.

Cuando la gobernación pasó a ocupar el edificio de la jefatura de Policía, ésta se cambió al lugar que quedaba vacante. Por su forma y su color –el que ha venido manteniéndose a través de una serie de manos de pintura–, era común en el Neuquén de entonces llamarle ‘Chateau gris’ al ‘castillo gubernativo’.”




El primer árbol de la Plaza Roca, plantado en 1936


Una manera de reconstruir la historia neuquina es a través de fotos provistas por familias pioneras: tal es el caso del primer árbol de la Plaza Roca, plantado en 1936 de acuerdo con lo escrito en la fotografía; la fuente pertenece a Rubén Rousillón, quien la recibió de su padre, don Bernardo Rousillón, aquel ferroviario que tanto trabajara en tareas comunitarias por el Neuquén. 



 

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